La aprobación de la jornada laboral de 40 horas marca un momento relevante en la evolución del modelo laboral en México. Se trata de una reforma que abre una nueva etapa en la relación entre productividad, competitividad y bienestar social.
Desde el sector industrial reconocemos que mejorar las condiciones laborales es un objetivo legítimo y necesario. El bienestar de las y los trabajadores es un componente esencial para construir entornos más justos, humanos y competitivos. Un país que cuida a su fuerza laboral fortalece su desarrollo económico.
Al mismo tiempo, es importante señalar que este cambio implica desafíos significativos en términos de costos, operación, productividad y planeación estratégica para las empresas. La transición deberá implementarse con responsabilidad, diálogo y visión de largo plazo, considerando las distintas realidades que existen en los sectores productivos.
Será fundamental fortalecer la capacitación, la digitalización, la innovación y la eficiencia operativa para evitar impactos negativos en el empleo formal, particularmente en las pequeñas y medianas empresas que forman parte de nuestras cadenas de valor y que son pieza clave del dinamismo económico nacional.
Estoy convencido de que México necesita un modelo laboral que combine bienestar social con competitividad económica. El equilibrio entre ambos será determinante para que esta reforma sea sostenible en el largo plazo y contribuya al crecimiento del país.

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